En el “Secreto de la Infancia”, libro escrito por María Montessori dice: “El ambiente del adulto no es un ambiente dador de vida para el niño”.
La vida citadina está privada de estímulos dadores de vida. La mayoría de los niños pasan una cantidad limitada de tiempo al aire libre, viven sin árboles, sin césped, sin aire fresco que respirar.
En el siglo XXI los temas ambientales son preponderantes, el daño y la amenaza a la viabilidad de nuestro mundo natural es de gran preocupación, hemos aprendido mucho acerca del universo, sin embargo hemos perdido nuestra intimidad con él.
La revolución computarizada ha comenzado a formar gran parte del curriculum educativo actual.
Los psicólogos culturales señalan que: “Como cultura, cada vez estimamos más la enseñanza tecnológica y devaluamos la social y emocional”.
El uso abundante de computadoras en los primeros años desconecta al niño de las interacciones emocionales y lingüísticas vitales, con los cuidadores primarios y además interfiere con la tendencia humana del niño, de explorar el mundo natural.
Los maestros reconocemos que el amor por el ambiente no puede darse en abstracto. “Es importante que los niños tengan la oportunidad de unirse con el mundo natural, de aprender a amarlo”.
Debemos ayudar a forjar un lazo entre el niño y la naturaleza, comenzando con el ambiente inmediato del niño.
“Al forjar conexiones con las plantas, los animales y la tierra, los individuos pueden obtener un sentido de valor”.
La falta de encuentros con el mundo natural, también tiene implicaciones para la manera en que los Montessorianos ponemos en práctica el método. Nos es difícil equilibrar los ambientes internos y externos, ya que debemos dejar al niño explorar el ambiente natural, experimentar una hoja real y proporcionar suficientes expediciones “afuera”, antes de ofrecer la teoría.
Necesitamos volver a conectarnos con la visión que tenía la Dra. Montessori sobre la experiencia exterior.
El niño por naturaleza ama el ambiente, al ayudarlo a forjar un lazo emocional con la naturaleza, ayudamos a garantizar la supervivencia de las especies. Nuestros niños no lucharán para salvar el ambiente natural si no han desarrollado amor por él.
“Un profundo respeto por todo lo que sea vida puede ser la salvación de la civilización. El niño debe descubrir su tarea cósmica, a través de una profunda conexión con el ambiente, para así convertirse en un miembro productivo que continúe la obra de la creación, de una manera constructiva y no destructiva”.
María Montessori.